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En televisión o, mejor dicho, entre los que hacemos televisión hay un continuo roce entre ‘los de contenidos’ y los de ‘otros departamentos’ que, a veces, nos culpan de complicar el trabajo a los demás. Por eso ahora me gustaría plantear ¿qué son los contenidos y quién pertenece a esta categoría?

Según lo veo, de contenidos somos todas las personas que trabajamos en un programa de televisión. ¿Habría programa sin iluminadores o realizadores? Por supuesto que no. ¿Habría programa sin productores y programadores? Sin duda no. ¿Habría programa sin redactores, guionistas o directores? Imposible.

Por tanto, todos somos de contenidos, porque el contenido es todo, es la luz, es la imagen, son los invitados, son los comunicadores, y es lo que se dice y cómo se dice. Todo es contenido, por eso es estéril y destructivo cuando en un programa hay enfrentamientos entre los distintos departamentos. Solo cuando todos los profesionales de un programa trabajan en armonía, los resultados de ese programa serán coherentes con su esfuerzo… Por lo menos, eso pienso yo.

Verdades y mentiras

Mucho se ha hablado, y se seguirá hablando, sobre la verdad y la mentira en televisión, pero nadie podrá llegar a una conclusión definitiva. Si me preguntan si en la televisión se miente, la respuesta es sí, mentiría si dijera lo contrario, sin embargo, ¿se miente más que en cualquier otro medio de comunicación? La respuesta es no. Todos los medios de comunicación mienten cotidianamente y también todos dicen la verdad con regularidad.

La televisión es una ventana y como tal ni miente ni dice la verdad, en todo caso puede ofrecer interpretaciones de la verdad, pero el espectador es libre de elegir esa u otra interpretación para entretenerse. Por suerte hay muchas cadenas y muchos tipos de programas, posiblemente haya alguno para cada uno de nosotros, solo se trata de elegir el que mejor relación tenga con nuestra forma de ser o de pensar. No hay que olvidar que los contenidos en el entretenimiento están basados en opiniones, en las de sus creativos, directivos o comunicadores, sobre todo en los programas de talk-show.

En abril pasado, Jordi Évole entrevistó a Joaquín Sabina y este reconoció que aceptaba participar en el programa porque los espectadores de «Lo de Évole» eran personas como las que forman su círculo íntimo, «las que yo quiero» creo recordar que dijo. Es toda una declaración de intenciones y un motivo tan bueno como cualquier otro para participar en un programa ya sea como invitado o como espectador.

Por eso, según lo veo yo, no hay que despreciar los contenidos de la televisión, siempre habrá programas que digan verdades o mentiras, porque eso dependerá de nuestra forma de entender la realidad. Lo mejor es que, a quien no le guste un programa, o crea que miente deliberadamente, que no lo vea. Así de fácil.

Estructuras audiovisuales

Todo en la vida tiene una estructura, las células la tienen, los estados la tienen, también la tienen los edificios… ¿por qué no la iba a tener un contenido audiovisual? Para escribir el guion de un programa concreto es muy importante conocer la estructura del mismo, aunque solo haya que escribir en una sección, hay que conocer la estructura completa, para saber dónde se está trabajando y de qué forma hay que hacerlo para no “desentonar”.

Para determinar la estructura de un programa hay que ver todos los elementos que lo componen y discernir los que son importantes y los que son un mero adorno. Todos ellos componen la estructura del programa, algo que no hay que confundir con el esquema. En este solo están los elementos principales y no tienen ninguna característica personal o artística. Por ejemplo, el esquema de un programa concurso «Game show», de cualquiera de ellos, tendrá dos elementos fundamentales: un conductor que hace preguntas y unos concursantes que dan respuestas. No hay más.

Sin embargo, en la estructura de un concurso en concreto ya veremos las características diferenciadas de ese concurso como son el tipo de preguntas y su dificultad; la personalidad del conductor-a; el perfil de los concursantes y el nivel de respuestas que se exigen de ellos. No es lo mismo «El concurso del año» que «¿Quién quiere ser millonario» sin embargo, en ambos hay preguntas concretas y sólo una respuesta posible.

En la «Guía de guion» hay más recursos y consejos para identificar los esquemas y las estructuras de los diferentes tipos de programas.

ENLACES: Programa «¿Quién quiere ser millonario?» / Programa «El concurso del año»

El guion de un talk-show

El talk-show o programa de entrevistas, es un género muy asequible para la televisión. En su concepto clásico se trata de programas en los que los invitados cuentan algo personal, pero estos pueden ser famosos o anónimos, pueden haber vivido una experiencia concreta o, simplemente, ser expertos en la materia de la que se trata. El programa «Órbita Laika» está considerado un late night de divulgación científica, por tanto, un talk-show de la ciencia.

También otros programas están innovando el género, «Oprah’s book club» es un talk-show literario que se emite en Apple TV+. En nuestro país, «Salvados» también se podría considerar un talk-show en algunas de sus emisiones, aunque en este caso no se desarrolla en un plató, sino que discurre en escenarios ‘naturales’.

El guion de un talk-show tiene que tener claro que está al servicio de la entrevista o entrevistas que se realizan en el programa, por tanto, quien se encargue del guion deberá conocer el objetivo de estas, es decir, debe tener claro qué espera el programa que cuente ese invitado. Al elaborar el cuestionario se tendrá en cuenta cuál es el objetivo y se pondrá toda la intención en conseguir que el invitado cuente eso que tiene que contar… La coherencia narrativa es fundamental en este tipo de programas, para que el espectador no se ‘despiste’ y pueda sentirse integrado en el contenido. En el guion de continuidad de un programa de estas características también es importante cuidar los «PASO A…» los distintos invitados o temas.

En la «Guía de guion» hay más recursos y consejos para escribir un guion de programa lo más consecuente y efectivo posible.

ENLACES: entrada referida al talk-show en Wikipedia / Programa «Órbita laika» RTVE / Programa «Salvados» Atresmedia

First dates

«First dates» es el dating con mayúsculas de la televisión actual, un formato que ha cambiado la forma de hacer entretenimiento observacional. Se nota que no soy objetivo ante este programa, pero es que, realmente, es un formato único.

«First dates» es una creación de la productora británica Twenty Twenty que está triunfado en todos los países por su forma directa y espontánea de poner en contacto a personas y voluntades en busca del amor. De todos los territorios donde «First dates» se ha puesto en marcha fue en España donde la apuesta implicó un mayor riesgo. En 2015 Cuatro se interesó por el formato, pero con la idea de convertirlo en un programa diario para el access, a pesar de que era un prime time semanal.

El reto fue complicado, no solo por el incremento en horas de emisión, sino también por el poco tiempo del que se dispuso para el arranque, pero gracias a Yolanda Martín Campayo, al equipo inicial del programa (entre los que me incluyo), así como al apoyo incondicional de Warner Bros y Mediaset el resultado fue un éxito de audiencia y de crítica.

Si analizamos el esquema de First dates vemos que hay tres elementos fundamentales: los invitados (dos desconocidos que tendrán que conocerse); el restaurante, un lugar tranquilo y romántico; el staff, un equipo humano que rema a favor del entendimiento entre desconocidos. En su estructura estos elementos adquieren su verdadera dimensión y repercusión.

El programa cuenta con la personalidad de Carlos Sobera, auténtico imán para el entendimiento, así como el esfuerzo del resto del staff. Muy importante es también el trabajo de casting y de grabación que crea en los solteros un ambiente propicio para el amor. Una vez grabadas las citas, en las que los invitados reaccionan a su libre albedrío, llega el momento de unir todas las piezas en edición y es precisamente ahí donde se produce un nuevo giro que da lugar a un programa fresco y espontáneo donde podemos conocer a las personas en toda su dimensión.

«First dates» no sería lo que es sin los que estuvieron, los que estaban y los que están, porque todos tenemos la esperanza de que el amor siga triunfando en televisión.

Sufrimiento

Trabajar en un programa que no funciona es malo, pero aún peor es ser su guionista… ¿Por qué la culpa de los males de la tele suele ser de los guionistas? Muy fácil, somos como los mayordomos de las antiguas novelas de misterio, alguien que siempre está cerca del ‘escenario del crimen’. Cuando el programa triunfa es gracias a las personas ‘importantes’ del mismo, pero cuando hay que buscar un culpable, ¿quién se atreve a señalar a los importantes? Evidentemente nadie, por eso todas las miradas recaen en nosotros y yo lo entiendo, es verosímil y no perjudica a nadie… ¿A nadie?

Todos conocemos programas que han ido mal, incluso a nuestra cabeza vienen algunos que van mal ahora mismo, pero mejor no decimos nombres para no hacer más daño a quienes lo están sufriendo. Prefiero mirar atrás y recordar un sufrimiento propio.

Era el año 2001 y una importante cadena a nivel nacional estrenó a bombo y platillo un programa cuyo nombre prefiero no recordar. Trabajaba en él como subdirector y, sin duda, fue el peor sufrimiento de toda mi vida laboral.

Lo más curioso de aquel programa es que no fue mal de audiencia, la media de todas las emisiones estaría en torno al 20%, pero claro, la cadena quería más, mucho más. El origen de todos nuestros problemas era la falta de estructura, ninguno teníamos claro de qué iba el programa ni qué contenidos eran los más adecuados. Parece raro así escrito, pero, por desgracia, es bastante habitual. Además, allí todo el mundo opinaba: los directivos de la cadena, los dueños de la productora, la directora (que también era la presentadora), el director, la productora, el subdirector (o sea, yo), los guionistas, los redactores, los de la limpieza, los de seguridad… Pero nadie, absolutamente nadie tomaba las riendas y decidía qué había que hacer y qué no. Aquello era como el camarote de los hermanos Mars. ¿Parece cómico, verdad? Pues era un drama, lo que ocurre es que casi veinte años después me puedo reír de aquel desbarajuste.

Hay redacciones de programas que son como el camarote de los hermanos Marx

Nos pasábamos el tiempo divagando sobre contenidos imposibles, editando vídeos que nunca se emitirían y cerrando invitados que, al llegar al plató, se empeñaban en darlo todo, seguramente como venganza para tenernos allí una semana más. Cuando cancelaron el programa suspiré aliviado, a pesar de que me quedaba en el paro.

Por suerte, en esa ocasión nadie acusó a los guionistas de nada, estaba demasiado claro que no eran el problema, sin embargo, podrían haber sido parte de la solución. Hoy día sabemos que la estructura de un programa es fundamental para que este funcione, saber qué queremos y qué le vamos a ofrecer a la audiencia es vital, y es que ahora sabemos mejor qué es un guion. A pesar de eso, siguen fracasando programas. No hay que dejarse cegar por las ‘estrellas’, ni creer que teniendo a tal o cual famoso los espectadores van a acudir en masa… No, hay que tener claro qué programa es y qué quiere contar, o sea, cuál es su estructura.

En la «Guía de guion» hay un capítulo dedicado a la estructura y al esquema de los programas, algo muy importante para construir un entretenimiento audiovisual de éxito, o sea, evitar un sufrimiento innecesario.

*Imagen cabecera: Película «My man Gofrey» (Al servicio de las damas) 1936

*Imagen interior: Película «A night at the opera» (Una noche en la ópera) (1935)

Oprah´s Book Club

Oprah Winfrey es, con diferencia, la mayor comunicadora televisiva de todos los tiempos y es tan importante que la televisión lineal se le quedó pequeña, por eso en 2019 reapareció en una plataforma televisiva, pero no en una cualquiera: Apple TV+. Uno de sus programas es un club de lectura… Sí, efectivamente, los libros y la literatura convertidos en show televisivo mundial.

No hay duda de que los conceptos televisivos están cambiando, lo que antes era impensable ahora puede ser una gran idea y lo que en la televisión convencional era un programa imposible en una plataforma televisiva puede ser un gran show…

Analicemos el programa concreto, su título dice bastante: «Oprah`s book club», el club de lectura de Oprah. Una gran comunicadora como ella no puede ser aburrida, por eso su nombre es promesa de entretenimiento y de show, haga lo que haga y entreviste a quién entreviste. Además, su club de lectura es real y lleva años funcionando.

El esquema del programa es muy simple. Es un talk-show al uso en donde una presentadora entrevista a una persona (o personas) en profundidad con el apoyo del público y recursos de vídeo.

Dentro de la estructura encontramos elementos reconocibles de la trayectoria de Oprah Winfrey. Tiene cuatro elementos fundamentales: En primer lugar ella misma y su carisma como presentadora; como segundo elemento el libro elegido para cada programa que siempre es una obra conocida y con muchas aristas entre los temas que trata. La persona encargada de defender la obra será su autor-a que dentro del programa tiene un tratamiento casi de estrella del rock; el tercer elemento importante en la estructura del programa es el público, compuesto por lectores de la obra protagonista y que, además, tienen una opinión formada sobre los temas a tratar y/o una vivencia personal concreta; el cuarto elemento es el espacio en que se desarrolla la grabación de la entrevista, que suele estar elegido por su equidad, o por ilustrar en forma de imágenes alguno de los temas que se van a tratar en el programa.

Al leer estas características, alguien podría pensar que ha visto algún programa similar, pero no hay nada que se le parezca. Como espectador resulta gratificante su visionado incluso aunque no se conozcan las obras de las que trata, y esto es importante, porque en el fondo es también un programa de animación a la lectura, con lo cual busca nuevos lectores. Los pequeños spoilers que inevitablemente surgen no impiden un efecto llamada hacia la novela protagonista. En el programa se desgranan temas muy conocidos (esclavitud, inmigración…) o universales (soledad, identidad, naturaleza…).

Su emisión comenzó en noviembre de 2019 y tiene una periodicidad bimensual, algo que también resulta novedoso. En la actualidad hay cinco capítulos disponibles (en España) cuya visión resulta un espectáculo entretenido y enriquecedor.

Guionizar

Resulta ‘curioso’ ver que se publicita un programa diciendo que está hecho «sin guion», pero mucho más cuando quienes lo hacen pretenden apoyar con ello una serie de ficción… En concreto me refiero a la serie «Alguien tiene que morir» que ha grabado unas entrevistas tituladas «Conversación sin guion» que se emiten en Youtube a modo promocional. Lo más ‘curioso’ de este caso es que Manolo Caro, creador de la serie y de las entrevistas es también guionista… Este conocido creador quizá haya pretendido expresar con ese título que eran unas entrevistas o conversaciones que se han hecho sin redactar previamente un cuestionario o quizá pretendía decir que las entrevistas o conversaciones se han construido sobre improvisaciones. Puede ser, pero guion seguro que había, porque alguien ha pensado esa idea de programa, ha decidido quiénes iban a participar y también el tono amistoso en el que se iban a grabar y, una vez grabadas, habrá decidido qué contenidos iban al montaje final y cuáles no. Todos esos trabajos y decisiones forman parte del guion de un programa, porque en este medio no siempre hace falta escribir un guion, para tener un guion.

El problema es que está demasiado extendida la idea de que el guion en programas de entretenimiento es sinónimo de manipulación, algo que es falso y nos desprestigia a los guionistas y, por extensión, a todo el sector audiovisual. Continuamente vemos que se habla de ‘guionizar’ con un sentido peyorativo, como si fuera sinónimo de inventar, mentir o incluso algo peor. Pero si queremos «mostrar la realidad» hay que guionizarla, porque guionizar es hacer un guion, algo imprescindible para decidir qué se quiere contar.

Enlaces relacionados: Serie «Alguien tiene que morir» en Filmaffinity; Programa «Conversación sin guion» en Youtube; Libro «Guía de Guion» en Amazon

Voz en OFF

El OFF en los programas de televisión es un recurso perfecto, pero hay que saber usarlo para conseguir todo su potencial.

La VOZ EN OFF es uno de los recursos más complicados de utilizar en un programa, ya que en un medio tan visual, una simple voz tiene que sobresalir a las imágenes. Para ello, al escribir textos para una voz en OFF, hay que ser consecuente con el programa, pero al mismo tiempo intentando que el texto atraiga la atención del espectador por su contenido, para ello un recurso es utilizar palabras ‘llamativas’. También es muy importante contar con una buena voz, obvio, pero que, además. sepa modular y entonar para que al tiempo que capta la atención de espectador, su mensaje llegue y permanezca en su recuerdo. Otra parte importante que no hay que descuidar es la imagen que acompañe al OFF. No es conveniente que el texto vaya en un sentido y la imagen en otro distinto.

La voz en OFF es un recurso estupendo para marcar la línea «ideológica» de un programa. Al escribir los textos que Carlos Sobera locuta para el OFF de «First dates» una de mis premisas es la de insistir en la importancia que el amor tiene para la vida y, por supuesto, para el programa.

Carlos Sobera grabando la voz en OFF de «First dates» (imagen: Yolanda Martin)

A modo de consejo, dejo estas pautas básicas que no hay que olvidar a la hora de escribir el texto para una voz en OFF:

1. Mensaje claro y directo. Hay que ir al grano y no perder el tiempo con ‘florituras’.

2.- Hay que ser lo más sincero y honesto que el programa nos permita..

3.- Repetir lo más importante tantas veces como sea posible/necesario.

Quien esté interesado en aprender más sobre la escritura de programas le recomiendo mi libro «Guía de guion«, que está disponible en Amazon.

Scott y Milá

“Scott y Milá” es un programa de #0 (Movistar+), producido por Zanskar Producciones, dirigido por David Moncasi y guion de Nerea Crespo.

El programa tiene un concepto muy claro que su mismo nombre indica: está hecho a la medida de Mercedes Milá y su mascota Scott. En cada programa la pareja protagonista parte de una propuesta que, a veces, se replantea como pregunta, para responderla durante la emisión, desde la mirada de Mercedes Milá, y de Scott, por supuesto.

Escojo uno concreto: “La felicidad está en el campo” de la temporada 2.

Se desarrolla en cuatro lugares geográficos: Valencia, Menorca, Florencia y Granada. En cada uno de ellos hay un tema a desarrollar, o varios, pero todos relacionados con el tema principal: la vida en el campo. 

El programa mezcla sabiamente a personas muy cercanas a Mercedes Milá, o que resulta creíble que sean cercanas a ella, con otras que consiguen sorprenderla e incluso descolocarla.

Los atractivos del programa son dos, por un lado, descubrir cosas de las que no conocíamos su existencia, o teníamos un concepto equivocado, y por otro, ver a Mercedes Milá en momentos desinhibidos. En ambas facetas tiene mucho que decir el trabajo de guion, en este caso el de Nerea Crespo.

Sin desvelar ningún contenido concreto del programa, para no hacer ‘spoiler’, diré que la estancia en Valencia de Milá en busca de la felicidad del campo tiene como objetivo mostrar su lado más personal, descarado e intimo, mientras que la visita a Florencia resulta de una gran sorpresa, para Mercedes, y para nosotros como espectadores. Estos dos momentos destacados están bien mezclados con otros de mucho interés de lo que es la vida y el trabajo en el campo.

Según mi experiencia no es fácil trabajar con comunicadores televisivos del nivel de Mercedes Milá, pero si se consigue una buena relación laboral (respeto mutuo), el resultado sólo puede ser tan bueno como el que vemos en Scott y Milá.  ¡Enhorabuena! 

Encuentro de guionistas 2020

En setiembre pasado tuvo lugar el encuentro de guionistas que cada año organiza ALMA. En esta ocasión los ponentes fueron: Diana Aller (Maestros de la Costura / La Última Cena), Pablo González Batista (Cachitos de hierro y cromo), Luis Álvaro (Caramelo), Carlos Langa (El Cielo Puede Esperar) y Luis Fabra (La Resistencia). El conductor del acto fue Luis Larrodera.

Desde este enlace se puede acceder a la información del acto elaborada por ALMA